Cómo guiar a los jóvenes

Cómo guiar a los jóvenesby Witness Lee

ISBN: 978-0-7363-1366-7
Printed Copy: Available Online from Living Stream Ministry

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COMO GUIAR
A LOS JOVENES

Publicado en chino en 1963,

El Ministerio de la Palabra, tomo 7, págs. 500-518

(Notas tomadas de lo que se compartió en la iglesia en Taipéi acerca del servicio.
Las notas no fueron revisadas
por el conferencista)

Los hermanos me pidieron que esta noche tuviera comunión especialmente con los hermanos y hermanas que sirven con los jóvenes y los estudiantes. Además, deseaban que aquellos que sirven en los hogares también tomaran parte en esta comunión. Por lo tanto, esta noche no voy a dar un mensaje; más bien, simplemente deseo tener comunión con ustedes acerca de algunos principios relacionados con la manera de ayudar a los jóvenes.

DEBEMOS VER LO PRECIOSO
QUE SON LOS JOVENES

En todo lo que hacemos, lo más importante es tener el interés y el motivo genuinos, de otro modo, no tendremos deseos de hacer nada, y aun si hacemos algo, lo haremos sin entusiasmo. Por supuesto, esto también se aplica a la obra que se lleva a cabo entre los jóvenes. Si uno desea participar en esta obra, es necesario que los jóvenes le agraden, que uno se preocupe por ellos y se interese en sus asuntos. Podríamos considerar esto como el “capital” mínimo que se requiere para servir con los jóvenes. Si no sentimos interés por ellos ni deseos de cuidarlos, es decir, si hacemos la obra sin ganas, todo lo que hagamos será de poco valor.

A veces nuestro interés o motivo puede provenir de nuestra preferencia. Cuando nos gusta cierta actividad, naturalmente tenemos el corazón e interés de hacerla. Es posible que tengamos la inclinación de hacerla por causa de lo que sabemos de cierta situación. Cuando vemos la importancia y el valor de un asunto, espontáneamente seremos motivados a hacerlo. Conforme a lo que he observado de la verdadera situación que existe en la obra entre los jóvenes, algunos hermanos y hermanas sirven con ellos motivados por su preferencia; sirven con ellos debido a que sienten una afición natural hacia ellos. No podemos decir que esto sea incorrecto; de hecho, tenemos que admitir que no importa cuánta gracia hayamos recibido y cuánta espiritualidad poseamos; seguimos siendo humanos y tenemos la naturaleza humana. Pero en cuanto a esto, debemos decir que servir con los jóvenes por este motivo no le da a la obra la debida importancia. Si realmente queremos servir a los jóvenes y hacer que la obra sea de peso, debemos permitir que Dios abra nuestros ojos a fin de que veamos lo precioso que son los jóvenes y su importancia en las manos de Dios. Si vemos esto, tendremos gran aprecio por esta labor y obtendremos espontáneamente el interés y el motivo para laborar con ellos.

EL FUTURO DE LA OBRA DEL SEÑOR
DEPENDE POR COMPLETO
DE LOS JOVENES

Si leemos toda la Biblia cuidadosamente, descubriremos un hecho palpable: no es fácil encontrar un caso en el cual Dios haya llamado a una persona anciana para que hiciera algo nuevo o de gran trascendencia. Esto quizás desanime a los hermanos y hermanas mayores, pero es un hecho innegable. En realidad, no encontramos ni una sola ocasión en que Dios llamara a una persona de edad avanzada para que hiciera algo nuevo. Aparentemente, Moisés recibió el llamamiento de Dios cuando tenía ochenta años, pero al leer la Biblia minuciosamente, nos daremos cuenta de que en realidad Moisés no recibió el llamamiento de Dios por primera vez a la edad de ochenta años, sino cuando él era joven. Ya sea que leamos acerca de Josué, de Caleb, de Samuel o de David, en el Antiguo Testamento, o acerca de los doce discípulos que el Señor Jesús llamó en el Nuevo Testamento, nos daremos cuenta de que ninguno de ellos era de edad avanzada cuando el Señor lo llamó por primera vez. De hecho, es difícil encontrar un buen ejemplo que muestre que Dios llamara a un hombre de edad avanzada para que emprendiera algo nuevo e importante. Esto es verdad no sólo en la Biblia, sino en toda la historia de la iglesia. Podríamos decir que casi todos aquellos que Dios usó para comenzar algo nuevo, o que El escogió para cambiar la era, eran jóvenes.

Quisiera darles un testimonio. Hace treinta años la obra que el Señor llevaba a cabo en China, tuvo un nuevo comienzo. En aquel entonces, Dios no llamó a ninguna persona de edad avanzada. Todos aquellos que hoy tienen alrededor de cincuenta años y siguen firmes sirviendo al Señor, en aquel tiempo tenían cerca de veinte años. Fueron levantados por el Señor en las escuelas para esa nueva obra. Hermanos y hermanas, si vemos esto, valoraremos mucho a los jóvenes delante de Dios.

Además, en la Biblia, casi toda obra a la cual Dios llamó a personas jóvenes, era una obra que cambió la era. Dios llamó a Moisés para cambiar la era, y llamó a Josué para cambiar otra era. Obviamente, el llamamiento que Samuel recibió, cambió la era. La integridad de la profecía, así como del sacerdocio y del reinado dependía del joven Samuel. El fue uno de los que verdaderamente cambió la era. Además, podemos ver que Daniel y sus tres amigos eran jóvenes entre los cautivos. Por medio de ellos Dios cambió la era del cautiverio. Luego, en el Nuevo Testamento, el primero que surgió fue Juan el Bautista. Sabemos que él era un joven llamado por Dios, pues Dios lo usó en aquella época para cambiar la era. Más adelante, podemos ver a Pablo, un apóstol especialmente usado por Dios. La Biblia dice que él era joven cuando el Señor lo visitó (Hch. 7:58). Todos reconocemos que Pablo fue un hombre que cambió la era. No me atrevería a exagerar en cuanto a esto, pero mi sentir es que la obra que el Señor comenzó entre nosotros en el Oriente hace treinta años, contenía en gran manera el elemento y la naturaleza de una obra que cambia la era. Dios siempre llama a jóvenes para llevar a cabo obras de grandes consecuencias.

Quisiera decirles, hermanos y hermanas, que debido a que vimos esto, hemos prestado mucha atención durante los últimos veinte años a la obra que se realiza entre los jóvenes. Con esto no quiero decir que el alma de un joven valga más que las almas de dos personas de edad avanzada. No es esto lo que quiero decir. Pero sí digo que si una persona ha de ser útil en las manos del Señor, o si tendrá un futuro en la obra de Dios, es menester que el Señor lo cautive cuando es todavía joven. Esto es obvio.

Este hecho no sólo se muestra en la Biblia y se confirma en la historia de la iglesia, sino que se ve también en todas las sociedades humanas. Nunca vemos que se adiestre a una persona de edad avanzada para realizar un proyecto nuevo o un nuevo movimiento. No existe una escuela que acepte solamente a personas de edad avanzada, ni un centro de adiestramiento establecido exclusivamente para dichas personas. Con respecto a este asunto, pido perdón en especial a los hermanos y hermanas de edad avanzada. Tal vez haya aquí un hermano de setenta años que verdaderamente ame al Señor, y un hermano esté dispuesto a pasar tiempo con él para ayudarlo. Sin embargo, se dará cuenta de que es muy difícil; pues es posible que le diga algo en la mañana y a mediodía ya se le haya olvidado. Tal vez le explique claramente algo en la mañana y en la tarde le pregunte: “¿Qué fue lo que me dijo?” Pues ya se le olvidó otra vez. Aunque su corazón esté totalmente dispuesto, su mente ya no es tan ágil. Este es un hecho cruel, pero no lo podemos negar.

He dicho en varias ocasiones que, con respecto a la salvación, la gracia y el disfrute de la salvación, los de edad avanzada son muy preciosos. Sin embargo, en cuanto a ser útil en las manos del Señor, a extender el reino del Señor y a propagar Su obra, no es de dudar que la responsabilidad recae sobre los hombros de los jóvenes. Si el Señor retarda Su venida por cinco, diez, quince o veinte años más, y quiere realizar algo, dicha comisión debe confiarse a los jóvenes. Los que tenemos más de 50 años, desearíamos estar vivos para ver al Señor en Su regreso y no tener que pasar a través del río Jordán de la muerte. No obstante, es muy probable que, conforme a los indicadores de las condiciones actuales, tales como la inmadurez de la cosecha, la degradación de la iglesia y la escasez de vencedores, el Señor no regresará tan pronto como suponemos. No es cuestión de que el Señor no quiera regresar, ciertamente El quiere desesperadamente regresar pronto, pero nuestra condición no se lo permite. Por lo tanto, debido a esta situación, creemos que aún falta un tiempo considerable en el cual el Señor desea realizar algo en la tierra.

Por supuesto, al mismo tiempo debemos creer que el Señor regresará mañana. Hace cerca de dos mil años que el Señor dijo: “¡He aquí, vengo pronto!” El considera mil años como un día, pues para El no existe el elemento del tiempo. Sin embargo, de nuestra parte, si el Señor se demora un poco más, no creo que muchos de los que ahora tenemos más de cincuenta años estaremos vivos dentro de treinta años. Algunos de los hermanos y hermanas son aún mayores que yo, y están en sus sesenta o setenta años. En cualquier caso, si el Señor retarda Su regreso, temo que no podamos esperar tanto y todos ya nos hayamos ido. En tal caso, quisiera saber, ¿quién va a continuar la obra del Señor? Quizás algunos que son espirituales, aun demasiado espirituales, me contesten: “El Señor se hará responsable de todos estos asuntos”. Claro que sí; el Señor se hará responsable de ello. No negamos este hecho. Pero una cosa está clara: ya sea que El se encargue de esto directamente o que desee que usted o yo hagamos algo para El, los jóvenes serán los que lleven la batuta. De aquí a veinte años, los que serán útiles al Señor son aquellos que ahora tienen veinte años o menos.

Es un hecho universalmente reconocido que una persona obtiene su educación durante sus primeros veinticinco años, después, en los siguientes veinticinco años, adquiere experiencia, y posteriormente, en los últimos veinticinco años, llega a ser verdaderamente útil. Tres períodos de veinticinco años dan un total de setenta y cinco años. Espero que todos los jóvenes vivan setenta y cinco años; los primeros veinticinco los aprovechen para recibir educación espiritual, otros veinticinco para adquirir experiencia espiritual y los últimos veinticinco años para ser usados por Dios. Además, espero que aquellos que ahora tienen cincuenta años o más, cuiden su salud por causa del Señor. Sin embargo, hermanos y hermanas, tomen en cuenta, por favor, que si no hay algunos jóvenes que sean salvos y que reciban hoy la ayuda espiritual, ¿cómo adquirirán experiencia para ser usados por el Señor en el futuro? Si hoy no hay jóvenes ganados por el Señor, después que nosotros partamos para ir con el Señor, no habrá sucesores. Entonces existirá una brecha.

Quisiera darles un testimonio. Hace treinta años, cuando el Señor nos levantó en China, eran tiempos verdaderamente difíciles para nosotros. Ya que no había quién nos ayudara en nuestro servicio, tuvimos que inquirir arduamente por nuestra propia cuenta en todo asunto. En aquel tiempo acabábamos de salir del cristianismo; por lo tanto, incluso en la manera de reunirnos tuvimos que ir a tientas poco a poco. Ahora, después de más de treinta años, nosotros quienes éramos jóvenes ya nos hemos envejecidos. Si hoy el Señor no tiene un grupo de jóvenes que reciba la ayuda, al paso del tiempo, después de que muchos de nosotros hayamos muerto, ¿acaso no habrá una brecha? Esto no sólo retrasaría el día del Señor, sino que también reduciría la eficacia de nuestra obra. Sin embargo, si hoy el Señor levanta hermanos y hermanas jóvenes, y si somos preservados de tal modo que logremos darles una dirección positiva, y no simplemente restricciones erróneas, entonces no habrá necesidad de esperar hasta que partamos para ir con el Señor, pues incluso hoy serán útiles en las manos del Señor.

Vimos esto claramente hace más de veinte años. Por lo cual, desde entonces prestamos mucha atención a cautivar a jóvenes intelectuales de las universidades y de los hospitales. Damos gracias al Señor porque este trabajo ha progresado bien desde 1936. El Señor obtuvo un buen número de jóvenes del Colegio “Unión Médica” en Pekín, de cierto hospital en Tientsin, de la Universidad de Ch’i Lu en Tsinan, del Colegio de Enfermería en Shangái y de algunas universidades en Nankín. Muchos jóvenes estudiantes de medicina, médicos residentes, enfermeras y hasta profesores, se convirtieron en nuestros hermanos y hermanas. Después de unos diez años, casi todos los colaboradores y hermanos responsables que había entre nosotros en todas las iglesias del país eran los jóvenes que cosechamos en aquel entonces. Por tanto, después de que se ganó la Guerra de Resistencia contra Japón [1937-1945] y de que se restauró la nación, el Señor nos condujo a regresar a Shangái, donde nuevamente hubo una pequeña obra de reavivamiento en las regiones de Nankín y Shangái. En ese tiempo, dedicábamos el setenta y ochenta por ciento de nuestros esfuerzos a laborar entre los jóvenes. En esos dos o tres años, el Señor bendijo ricamente la obra realizada entre los estudiantes universitarios. El ganó a muchos jóvenes para Su propósito. Espero que con sólo decir esto, los hermanos y hermanas vean la importancia de servir con los jóvenes. Esto debe crear en nosotros un aprecio profundo para con los hermanos y hermanas jóvenes.

Les digo, hermanos y hermanas, que amo a los de edad avanzada. El Señor puede testificar por mí acerca de esto. Pero debo pedirles perdón a ellos por decir que también aprecio mucho la obra que se realiza entre los jóvenes. Se han divulgado comentarios sobre mí diciendo que el hermano Lee sólo se ocupa de los jóvenes y que ha echado fuera a los de edad avanzada. Yo niego que esto sea verdad; nunca tuve tal intención. Sin embargo, por causa del futuro de la obra del Señor, pido a los de edad avanzada que oren mucho por los jóvenes. El futuro de la obra y la utilidad en la obra, sin lugar a dudas, recae en los jóvenes. Desde el punto de vista de salvar almas, debemos tratar igualmente a jóvenes y a viejos; pero desde el punto de vista del futuro de la obra, debemos enfocar nuestros mayores esfuerzos en los jóvenes. Si la iglesia o la obra no gana a los jóvenes para el Señor, llegaremos a ser como una familia de viejos sin hijos: un abuelo de ochenta y cinco años, un padre de sesenta años y un hijo de aproximadamente cuarenta. En tal caso, no hay jóvenes bajo el cuidado de los mayores, ni tampoco llantos ni gritos de niños; al contrario, todos se comportan correctamente. Esto es una situación anormal.

A veces cuando alguien me dice: “Hermano Lee, parece que nuestra iglesia es un revoltijo, y nada está en orden”, yo le digo: “De hecho, eso es una buena señal”. Cuando uno visita a cierto hogar y escucha a alguien llorando, a otro gritando, a otros peleando, y aun a otros brincando y revolcándose en el piso, todo eso es una buena señal; pues indica que la familia está floreciendo. Pero si la familia sólo tiene un abuelo de ochenta y cinco años, un padre de sesenta años y un hijo de cuarenta, seguramente nadie estará revolcándose en el piso. Incluso si alguno deseara hacerlo, no tendría fuerza para ello. Así que, esa familia vive todo el año en quietud, orden y soledad. Hermanos y hermanas, podemos estar seguros de que tal familia no tendrá que vender su casa; pues en poco tiempo la casa la heredará otro. Igualmente, si ustedes ven a una multitud de jóvenes cuando visitan cierta iglesia, deben alabar al Señor porque la iglesia tiene futuro. No necesitan saber si esos jóvenes son buenos o malos; pues de la misma manera que en una familia, no importa cuán traviesos sean los niños, es mejor tenerlos que no tenerlos. Si no hay niños, la familia no tiene esperanza alguna. Algunos niños que hoy son indeseables, mañana podrán ser deseables. Siempre hay esperanza.

En resumen, tenemos que cautivar a los jóvenes en la iglesia y en la obra del Señor. Todo el que obra para el Señor con perspicacia, necesita prestar atención a este asunto. Si ve esto, tendrá en su corazón la carga de amar a los jóvenes, sin importar si son buenos o malos. Tener a un joven que no es muy agradable es mejor que no tener a ninguno. Que todos los hermanos y hermanas, los que aman al Señor, amen también a los jóvenes por causa del futuro de la iglesia y de la obra del Señor.

Con relación al aspecto práctico, mencionaremos los siguientes puntos.


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